Alguien me dijo una vez “Fingir que no duele, duele el doble”. Tardaría mucho tiempo en darme cuenta de la razón que tenía esa frase, pero desde que la comprendí, vivo con ella. Pero… ¿Qué os voy a contar? Si esto nos ha pasado a todos. Todos hemos fingido que todo iba bien, nos hemos puesto una sonrisa en la cara y hemos sacado fuerzas de donde no las había para aparentar, para que no preguntaran, porque no quedaba otra. Intentar ser feliz es complicado, cuando te das cuenta de que ya no os queda un futuro juntos, cuando ya no serás tú a la que abrace, a la que haga sonreír, cuando te das cuenta de que ya no serás tú a la que despierte a besos cada mañana o con un simple 'buenos días princesa, estabas preciosa en mis sueños', cuando te das cuenta de que a tu historia de “para siempre” le pusieron un punto final sin tú quererlo. Y te das cuenta de que tienes que ser fuerte, y seguir adelante, pero también te das cuenta de que ya no tienes razones para hacerlo. Cierras los ojos e intentas buscar una razón por lo que todo ha sucedido y por más que lo intentas no la encuentras, te sientes vacía por dentro, rota, esa pude ser la palabra. La cosa cambia cuándo estas sola, en tu habitación, las luces apagadas, tumbada en la cama, con los cascos puestos, sonando esa canción que refleja tus sentimientos en ese mismo instante, empieza a caer una lagrima de esos ojos que desde hace unos días brillan de dolor, de tristeza, tal vez de decepción, te quedas pensando que es lo que realmente está pasando, otra lagrima cae y entonces ahí es cuando te das cuenta de que eso es lo que necesitas, llorar, pasar días y días llorando en tu habitación sin ninguna compañía, excepto la de él y al saber que no va estar, que ya no va a volver te hace llorar con más fuerza, no tienes ganas de nada, te sientes sin fuerza... ¿para que seguir luchando si lo que quiero es tenerte a ti y no va a ser posible? Pero no, justo en ese momento en el que vas a mandarlo todo a la mierda, en el que tus ojos llegan a un rojo inalcanzable por haberte llevado un tiempo indefinido llorando, aparece un mensaje que dice: 'Tonta, ¿dónde estas? Te echo de menos' Sí, no es de él pero es de alguien que también te quiere y mucho, ahí es cuándo te das cuenta de que hay muchas personas que verdaderamente te valoran y te das cuentas de que el perder a una persona no te puede llevar a perder a cada una de las que verdaderamente te importan, asi que por este motivo es por el que sigo luchando día a día, mostrando tal vez sonrisas falsas, aparentando estar bien y pasando de todo, aunque por dentro esté destrozada.
Vistas de página en total
jueves, 29 de noviembre de 2012
Fingir que no duele, duele el doble.
Alguien me dijo una vez “Fingir que no duele, duele el doble”. Tardaría mucho tiempo en darme cuenta de la razón que tenía esa frase, pero desde que la comprendí, vivo con ella. Pero… ¿Qué os voy a contar? Si esto nos ha pasado a todos. Todos hemos fingido que todo iba bien, nos hemos puesto una sonrisa en la cara y hemos sacado fuerzas de donde no las había para aparentar, para que no preguntaran, porque no quedaba otra. Intentar ser feliz es complicado, cuando te das cuenta de que ya no os queda un futuro juntos, cuando ya no serás tú a la que abrace, a la que haga sonreír, cuando te das cuenta de que ya no serás tú a la que despierte a besos cada mañana o con un simple 'buenos días princesa, estabas preciosa en mis sueños', cuando te das cuenta de que a tu historia de “para siempre” le pusieron un punto final sin tú quererlo. Y te das cuenta de que tienes que ser fuerte, y seguir adelante, pero también te das cuenta de que ya no tienes razones para hacerlo. Cierras los ojos e intentas buscar una razón por lo que todo ha sucedido y por más que lo intentas no la encuentras, te sientes vacía por dentro, rota, esa pude ser la palabra. La cosa cambia cuándo estas sola, en tu habitación, las luces apagadas, tumbada en la cama, con los cascos puestos, sonando esa canción que refleja tus sentimientos en ese mismo instante, empieza a caer una lagrima de esos ojos que desde hace unos días brillan de dolor, de tristeza, tal vez de decepción, te quedas pensando que es lo que realmente está pasando, otra lagrima cae y entonces ahí es cuando te das cuenta de que eso es lo que necesitas, llorar, pasar días y días llorando en tu habitación sin ninguna compañía, excepto la de él y al saber que no va estar, que ya no va a volver te hace llorar con más fuerza, no tienes ganas de nada, te sientes sin fuerza... ¿para que seguir luchando si lo que quiero es tenerte a ti y no va a ser posible? Pero no, justo en ese momento en el que vas a mandarlo todo a la mierda, en el que tus ojos llegan a un rojo inalcanzable por haberte llevado un tiempo indefinido llorando, aparece un mensaje que dice: 'Tonta, ¿dónde estas? Te echo de menos' Sí, no es de él pero es de alguien que también te quiere y mucho, ahí es cuándo te das cuenta de que hay muchas personas que verdaderamente te valoran y te das cuentas de que el perder a una persona no te puede llevar a perder a cada una de las que verdaderamente te importan, asi que por este motivo es por el que sigo luchando día a día, mostrando tal vez sonrisas falsas, aparentando estar bien y pasando de todo, aunque por dentro esté destrozada.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario